La humanidad de Jesús
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La lectura de los evangelios nos conduce de forma natural a la idea de la humanidad auténtica de Cristo y no simplemente a una apariencia de hombre.
Las genealogías de Mateo y Lucas apuntan a sus antecedentes humanos, así como los relatos que hablan de Jesús como un bebe envuelto en pañales, que fue creciendo como cualquier niño, adquiriendo conocimiento moral, intelectual, y espiritual.
Durante su vida experimento como cualquier hombre necesidades físicas (hambre, sed, sueño, cansancio…), emociones humanas (tristeza, indignación, llanto, conmoción,…), pasó por momentos de sufrimiento físico y sentimental, burlas y torturas. Se enfrentó a duras tentaciones. El mismo Jesús se aplicó la definición de “hombre” para referirse a sí mismo. También sus contemporáneos lo identificaron como hombre.
Entendemos tiene una relevancia básica el hecho de que el mediador entre Dios y los hombres, que representase a la humanidad, como el segundo Adán que restableciese las consecuencias de la caída, debía ser a su vez completamente humano, una persona sujeta a una humanidad real pero sin pecado.
